miércoles, 25 de abril de 2007

Adicción fosfórica

A Alice le fascina encender fósforos (y no solamente cuando alguien expedió un hediondo gas). Siempre disfruto prendiéndolos. Soy fanática del olorcito que largan y del ruidito que hacen al encenderse (¡fffsshhh!). Me encantan los fósforos, ¡las cerillas! jaja... me encanta verlos quemarse. No es que disfrute de su dolor, porque en realidad sé que ellos están muy orgullosos de su labor.


No soy piromaníaca, creo que soy pirolúdica, me gusta jugar con los fósforos. Nunca prendí fuego nada (salvo una vez que se me prendió fuego una servilleta de papel e instintivamente traté de apagar el mini incendio tirándole otra servilleta de papel encima: malos reflejos).


Muchas cosas entretenidas se pueden hacer con ellos. Un juego muy conocido es el de encender uno y unirlo con otro por el extremo rojo. Se fusionan a la perfección. Y ahí es el mejor momento para hacer una pregunta y si el extremo sube al quemarse la respuesta es Sí y si baja es NO. No es un método muy veraz, pero es más económico que ir a dejarnos embaucar por una pitonisa.


Otra manera que encontré de divertirme con fósforos es tratar de agarrar el extremo que ya se quemó con mi mano libre para lograr que el fósforo quede todo carbonizado. De verdad es toda una hazaña. Atención, hay que tener cuidado porque muchas veces el carbón está caliente y ahí es cuando mi abuela no entiende por qué soy tan pelotuda para andar con 21 años jugando con fuego.


Pero también pueden armarse comunidades amantes de los fósforos y jugar a decir el mayor número de partes de un auto en el tiempo en que se extingue el fuego (y así se van eligiendo otras categorías como en el tutti frutti). No se trata solamente de lucidez mental, sino también de lograr que el fuego dure el mayor tiempo posible. ¡Vamos, no digan que no es emocionante!

7 comentarios:

Matilde dijo...

No sé si es de relevancia, pero con tu cuentito de que prendiste fuego una servilleta me hiciste acordar a un accidente doméstico que tuve hace poco.
Me levanto cierta mañana con ganas de desayunar café con leche. ¿Qué hago? Muy bien, volqué la leche en el recipiente donde debo calentarla. No señora, pare de leer, esto no es una receta culinaria.
Continúo. No sé de qué está hecho el recipiente en cuestión, a lo gaucho, podríamos decir lata. Pero obvio, no es.
El tema es que, obviamente, el mango subió de temperatura. Como no tengo una manopla de cocina, y como soy terrible vaga que no quise buscar un trapo;
agarré un repasador (sí señora, de esos graaaaandes que se cuelgan de la tapa del horno) y con eso, envolví mi mano derecha.
(Paréntesis. No se me ocurrió apagar el fuego antes.)
Entonces, serví mi leche correctamente, lista para batir con el café.
Pero sentí olor a quemado. El repasador estaba prendido fuego.
Y yo, muy pancha, preocupada por mi café con leche.
Qué poco de ama de casa che!
Y qué?

FILOTOPIA dijo...

Me encantó esa descripción del tan pero tan pero tan tan delicioso olor a cerilla o allumette en gallo. Me recuerda el cuento que es mejor, para ser generosos con las glándulas lacrimales , que la escena de la muerte de la mamá de Bambi. Se llamaba la niña de los fósforos, una niña de la calle, día de navidad, sin comer, todas las familias en sus casas, ella en la calle. Encuentra una caja de fósforos en el suelo y esa llamita le da calor aunque sea por unos segundos. Desgarrador....SI ya sé. El caso es que comienza a delirar y ve en la llama de las cerillas platos de comida, una familia, hasta que se "duerme para siempre"-eufemismo cobarde- viendo esas imágenes felices...

Violett dijo...

Me alegra saber que no soy la única pirolúdica. Y puntos extra por inventar el término.

pimienta dijo...

A mí me gusta más el sonido del Zippo. No sólo por el hecho de que el nombre es la onomatopeya de todo un proceso (friccionar, encender y cerrar), sino porque además es un sonido que está patentado; es un hit. Además ese olorcito a líquido inflamable... mmm...
También tengo una anécdota jugosa, pero, como incluye las partes privadas de un adolescente, y no puedo decir más que eso. Tendría que publicarse borroso.

Alice in Wonderland dijo...

Experiencia ardiente con un Zippo?? Mmm... imagino que detrás de esa imagen borrosa pasó algo parecido a lo que ocurre con el fósforo cuando se termina de quemar y queda todo negrito. Puede ser que esté en lo cierto, Pimienta?

pimienta dijo...

Si promete no citarme como fuente yo le cuento. ¡Quiero garantías! (y que después publique un post comentando de lo maravilloso que es mi blog, pero como cosa suya, ¿vio?).

PéTaLoS dE tIzA dijo...

Me encanta el olor que se desprende de los fósforos cuando recién los prendes!! Y también hago eso de cambiarlo de mano hasta que se quede todo negrito jiji
Yo también conozco experiencias ardientes con un encendedor... historias que me han contado de las que no he sido protagonista (por suerte). Puedo decir que incluye un gas además del que contiene el encendedor...